SAGRADO CORAZON DE JESUS - ORACIONES Y PROMESAS (Texto y audio mp3)







DEVOCIÓN AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS.

ORIGEN:


La Devoción al Sagrado Corazón de Jesús es –en su esencia- tan antigua como la Iglesia. En el Calvario, nuestro Señor manifestó por primera vez su Corazón divino a través de la herida abierta en su costado por la lanza del soldado. Para propagar esta devoción en su forma actual, nuestro Señor Jesucristo se sirvió de San Juan Eudes fallecido en 1680, y de un modo especial de una humilde Religiosa de la Visitación, Santa Margarita María de Alacoque, nacida en 1646 y fallecida en 1690.

Un día de la Octava de Corpus en julio de 1675, nuestro Señor descubriendo su Corazón le dijo: “He aquí este Corazón que tanto ha amado a los hombres, que nada ha perdonado hasta agotarse y consumirse, para manifestarles su amor, y en pago sólo recibe de la mayor parte ingratitudes, por sus irreverencias y sacrilegios, por las indiferencias y desprecios que tienen por mí en este Sacramento de Amor. Y lo que siento más todavía, es que corazones que me están consagrados me tratan de esta misma manera”.

Y el Divino Maestro confió a su sierva la Misión de enriquecer al mundo entero, con el socorro de esta devoción.

OBJETO Y FIN:


La devoción al Sagrado Corazón de Jesús, honra al Corazón adorable que late en el pecho del Salvador. Le honra también como símbolo conmovedor del amor de Dios para con nosotros, que se manifiesta especialmente en la hora de nuestra salvación y en el Sacramento de la Eucaristía. La vista de este Sagrado Corazón abrazado de amor por los hombres, nos incita a amar a Jesucristo con verdadero amor. Testigos de la indiferencia de muchos nos esforzamos con nuestro amor y celo en reparar tanta ingratitud.


PRACTICAS:


1) Según el deseo del Divino Maestro, celebrar con piedad la Fiesta del Sagrado Corazón.

2) Dedicar el primer viernes de cada mes al Sagrado Corazón, especialmente haciendo en este día una fervorosa Comunión.

3) Ofrecer cada mañana al Sagrado Corazón de Jesús las acciones del día

4) Por amor de nuestro Señor, huir del pecado y luchar contra nuestros defectos

5) Colocar en nuestra casa una hermosa imagen del Sagrado Corazón de Jesús para participar de las bendiciones prometidas a quienes le tributen este homenaje, y hacer la ceremonia de la entronización.




1.-Reinaré a pesar de mis enemigos y de los que a ello se opongan
2.-Daré a mis devotos todas las Gracias necesarias a su estado.

3.-Pondré PAZ en sus familias
4.-Les aliviaré en sus trabajos

5.-Bendeciré todas sus empresas
6.-Les consolaré en sus penas

7.-Seré su refugio seguro durante la vida, y sobre todo en la hora de la muerte
8.-Los pecadores hallarán en mi Corazón la fuente, el océano infinito de mi Misericordia

9.-Las almas tibias se harán fervorosas
10.-Las almas fervorosas se elevarán a gran perfección

11.-Bendeciré las casas en que mi imagen sea expuesta y honrada
12.-No dejaré morir eternamente a ningún devoto que se haya consagrado a mi divino Corazón

13.-Derramaré la unción de mi caridad sobre las Comunidades Religiosas que se pongan bajo mi especial protección y seré su salvaguardia en sus carismas
14.-Los que trabajen en la salvación de las almas lo harán con éxito, y sabrán el arte de conmover los corazones más empedernidos, si tienen una tierna devoción a mi Corazón divino y trabajan por inspirarla y establecerla en todas partes.

15.-Las personas que propaguen esta devoción recibirán por ello grandes recompensas, y tendrán su nombre escrito en mi Corazón y jamás será borrado de él.
16.-Prometo, en el exceso de la Misericordia de mi Corazón que mi Amor Todopoderoso concederá a todos los que Comulguen nueve primeros viernes de mes seguidos, la Gracia de la penitencia final. No morirán en mi desgracia ni sin recibir los Sacramentos, y mi Corazón será su seguro refugio en aquella hora.





Oración de reparación al Corazón Sacratísimo de Jesús (Acto de desagravio de Pío XI).

OREMOS:


¡Oh dulcísimo Jesús, cuyo inmenso amor a los hombres no ha recibido en pago, de los ingratos, más que olvido, negligencia y menosprecio! Míranos postrados ante tu altar, para reparar, con especiales homenajes de honor, la frialdad indigna de los hombres y las injurias con que, en todas partes, hieren tu amantísimo Corazón.

Mas recordando que también nosotros, alguna vez nos hemos manchado con tal indignidad de la cual nos dolemos ahora vivamente, deseamos, ante todo, obtener para nuestras almas tu Divina Misericordia, dispuestos a reparar, con voluntaria expiación, no sólo nuestros propios pecados, sino también los de aquellos que, alejados del camino de la salvación y obstinados en su infidelidad, o no quieren seguirte como a Pastor y Guía, o, conculcando las promesas del Bautismo, han sacudido el suavísimo yugo de tu ley.

Nosotros queremos expiar tan abominables pecados, especialmente la inmodestia y la deshonestidad de la vida y de los vestidos, las innumerables asechanzas tendidas contra las almas inocentes, la profanación de los días festivos, las execrables injurias proferidas contra ti y contra tus Santos, los insultos dirigidos a tu Vicario y al Orden Sacerdotal, las negligencias y horribles sacrilegios con que se profana el mismo Sacramento del Amor y, en fin, los públicos pecados de las Naciones que ponen obstáculos al magisterio de la Iglesia por ti fundada.

¡Ojalá nos fuera dado lavar tantos crímenes con nuestra propia sangre! Mas, entretanto, como reparación del Honor divino conculcado, uniéndola con la expiación de la Virgen, tu Madre, de los Santos y de las almas buenas, te ofrecemos la satisfacción que tú mismo ofreciste un día sobre la Cruz al Eterno Padre y que diariamente se renueva en nuestros altares, prometiendo de todo corazón que, en cuanto nos sea posible y mediante el auxilio de tu Gracia, repararemos los pecados propios y ajenos y la indiferencia de las almas hacia tu amor, oponiendo la firmeza en la fe, la inocencia de la vida y la observancia perfecta de la ley evangélica, sobre todo de la caridad, mientras nos esforzamos además por impedir que seas injuriado y por atraer a cuantos podamos para que vayan en tu seguimiento.

¡Oh benignísimo Jesús! Por intercesión de la Santísima Virgen María Reparadora, te suplicamos que recibas este voluntario acto de reparación; y nos concedas ser fieles a tus mandamientos y a tu servicio hasta la muerte y nos otorgues el Don de la perseverancia final, con el cual lleguemos felizmente a la Gloria, donde, en unión del Padre y del Espíritu Santo, vives y reinas, Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.


El Divino Salvador escogió el primer viernes de cada mes como día especialmente consagrado a honrar su Santísimo Corazón diciendo a Santa Margarita María de Alacoque: "Comulgarás todos los primeros viernes de cada mes", y, para obligarnos en cierto modo a práctica tan de su agrado y santa, hizo a la misma Santa Margarita aquel favor regaladísimo que se conoce con el nombre de LA GRAN PROMESA:


En esta tan consoladora promesa, el Sacratísimo Corazón de Jesús nos promete:


1° La Gracia de la perseverancia final don verdaderamente inefable, como dice el Concilio Tridentino.

2° La dicha de tener por asilo y refugio en aquella última hora el Corazón del que nos va a juzgar... que todo es lo mismo que asegurar nuestra eterna salvación.


¡Bien puedes ahora gloriarte de tener la salvación en tu mano: no tendrás excusa ninguna si te pierdes!



¿Con qué condiciones? Se necesita para ganar esta Gracia:

1° Comulgar nueve primeros viernes de mes seguidos y sin interrupción

2° Comulgar con intención de honrar al Sagrado Corazón y de alcanzar la Gracia de la perseverancia final;

3° Comulgar con deseos y propósito de servir siempre al Señor.

Ho Corazón divinismo de Jesús, dignísimo de la adoración de los hombres y de los Ángeles ¡Oh Corazón inefable y verdaderamente amable!, digno de ser adorado con infinitas alabanzas por ser fuente de todos los bienes, origen de todas las virtudes, y el Objeto en quien más se agrada toda la Santísima Trinidad, entre todas las criaturas.

Ho Corazón dulcísimo de Jesús, te adoro profundísimamente con todas las fuerzas de mi pobre corazón. Te alabo, te ofrezco las alabanzas todas de los más amantes Serafines de toda tu Corte Celestial, y todas las que te puede dar el Corazón de tu Madre Santísima. Amén.




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